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LA CONSTITUYENTE: Riesgos y oportunidades.

LA CONSTITUYENTE: Riesgos y oportunidades.

 
 

Ante la convocatoria realizada por el presidente Nicolás Maduro de una constituyente ha surgido un mar de opiniones a favor y en contra. Ésta es nuestra contribución crítica al debate desde lo que somos: Revolucionarios, chavistas y militantes del movimiento popular.

Puntos a favor:

  1. El llamado al poder constituyente del pueblo es esencial al proyecto chavista, nos define, y como tal siempre es bienvenido. La convocatoria a un proceso popular constituyente es la estrategia central con la que el chavismo transformó las relaciones sociales y políticas en Venezuela e inspiró a todos los revolucionarios latinoamericanos en el comienzo del siglo XXI.

  2. La fuerza del chavismo proviene en gran medida de la densidad y cualidad de los espacios organizativos que hemos construido. No existe en el país ninguna fuerza que se equipare al poder popular chavista, con territorialidad, sectorialidad, proyecto político, y un líder histórico de la estatura del comandante Chávez. Al convocar la constituyente reabrimos paso a este acumulado para que posicione su programa y sus luchas, y posibilite la desburocratización del chavismo.

  3. En los últimos años se han desarrollado a lo largo y ancho del país exitosas experiencias de poder popular, germen del nuevo Estado a construir, que no están recogidas en el texto de la Constitución del 99, y que impactan desde la geometría del poder hasta la asignación de recursos. Las comunas y las leyes del poder popular necesitan su correlato en la Constitución. La propiedad social, concepto central del proyecto chavista tampoco está reflejado en forma estricta en la Constitución Bolivariana. Ha sido un desarrollo progresivo del derecho con una vasta y rica experiencia acumulada.

  4. El escenario político coyuntural nos tiene a la defensiva, resistiendo en los espacios y con pérdida de base social. La constituyente tiene el potencial de convertirse en ofensiva política dinamizando toda la base popular chavista. Para ello debe conjuntar el quehacer sobre la crisis económica, social y política, con la discusión constituyente.

  5. En este sentido la constituyente abre un espacio para resolver la crisis interna del chavismo, donde existe una profunda separación entre el sujeto político que ha construido el proceso y las instancias de dirección. Cuando la crisis muestra el carácter hegemónico de la lucha es que se evidencia la necesidad de un sujeto político orgánico crítico, autónomo, con capacidad de decisión. La pragmática de la burocracia tiende a preferir el sujeto adocenado y obediente y esa tensión le ha hecho un daño importante a la capacidad de movilización del chavismo.

  6. Se vuelve a posicionar el debate en torno al proyecto político estratégico donde hemos construido una mayoría y no en las cualidades administrativas-éticas del gobierno. Aún desde el lente de las encuestas opositoras el chavismo se acerca al 50% de la población mientras el gobierno ronda el 20%. Llevados al terreno electoral es preferible cien veces medirnos sobre lo primero que sobre lo segundo. Reagrupar al chavismo sería la gran victoria de la constituyente.

  7. A las puertas de una probable derrota electoral en el 2018, el proceso constituyente puede dejarnos agenda, líneas de acción, programa político e incluso articulaciones políticas, extremadamente necesarias para la lucha que sigue y para la reconstitución de las fuerzas revolucionarias.

Puntos en contra:

  1. La constituyente se convoca en un contexto de crisis política y económica, con bajos niveles de popularidad de la dirigencia chavista y con un reflujo de las fuerzas progresistas. Todo lo anterior deja en evidencia la fragilidad de la propuesta, que puede ser rechazada tanto en el referendo de la convocatoria (si se hiciese) como en el posterior. Realizar una constituyente con “viento en contra” parece obedecer más a necesidades tácticas que a delimitar el rumbo estratégico.

  2. Se arriesga en el proceso nuestra principal arma para defender los avances de la revolución que es la Constitución Bolivariana y las leyes desarrolladas en el chavismo. La Bolivariana es ya consenso social en Venezuela, fuente de inspiración de las constituciones de Ecuador y Bolivia y con avances reconocidos por toda la izquierda Nuestroamericana.

  3. A pesar de su importancia, la discusión constituyente es un tema que interesa sólo a una minoría politizada. En este momento la gran mayoría del pueblo clama por mejoras en las condiciones de vida y no es clara la relación entre ambas. Es vital recordar, que a pesar la relevancia histórica que tuvo el debate constituyente, la legitimación de los poderes y el desarrollo de las leyes habilitantes –entre 1999 y 2002- el chavismo perdió fuerza, remontándose sólo a partir del 2003 cuando multiplicamos los espacios de organización popular y atendimos los problemas concretos de la población

  4. La constituyente va a ocupar gran parte del esfuerzo de la militancia chavista sin atacar la crisis social y económica. Corremos el riesgo de tener a toda nuestra gente nadando afanosamente en una piscina sin agua.

  5. Tal como se presenta la convocatoria a la constituyente (50% territorial y 50% sectorial) es en extremo complejo darle coherencia y legitimidad. Al estar en minoría electoral, la mayoría bolivariana que se quiere construir se intenta sustentar en lo sectorial. ¿Cuántos sectores? ¿cuál es su representación? ¿cómo se decide la base electoral para que sea universal-sectorial? ¿cómo se postula? son todas preguntas difíciles de responder. Por ejemplo: ¿Cómo se define que ciudadanos son campesinos y por tanto con derecho a elegir su representación? o ¿Por qué los gremios y las universidades no tienen representación y los discapacitados sí? ¿Cómo elegimos la representación estudiantil?

  6. A diferencia del 99, no existe claridad sobre el contenido que se busca en la constituyente. Algunos alcances como constitucionalizar las Misiones, o lograr la paz, son más materia administrativa o de coyuntura, que de definiciones estructurales. Sólo como ejemplo extremo ¿quién pondría en la Constitución la misión Robinson o la Ribas?

  7. Por último y no menos importante. La crisis ha afectado la capacidad del gobierno para resolver temas mínimamente complejos. Basta ver que tenemos cinco meses cambiando los billetes en los cajeros. Se corre grave riesgo que la constituyente, en su complejidad, se vuelva un cangrejo en su resolución práctica, arrastrándose a lo largo de un tiempo precioso, mientras la crisis sigue avanzando y, con ella, disminuyendo la fuerza del chavismo y acrecentándose la del enemigo.

Quehacer

Y entonces, ¿qué hacemos?

El análisis de las bases de la convocatoria se podrá hacer en detalle cuando éstas se publiquen. Sin embargo hay varios puntos estructurales que ya podemos concluir:

• A nuestro entender la convocatoria debe pasar por el refrendo popular, no solo para darle mayor legitimidad al proceso sino porque creemos genuinamente que las grandes decisiones de interés nacional deben pasar por el voto del pueblo en una democracia participativa. Si bien nuestra constitución es ambigua en ese punto, las constituciones ecuatoriana y boliviana, influidas por la nuestra y realizadas en el mismo espíritu son explícitas al respecto. Además de esta manera le cerraríamos la puerta a una iniciativa similar de parte de la oposición. • La constituyente solo será exitosa si acumulamos fuerza durante su realización. Para ello debemos abocar toda la potencia del gobierno y el pueblo chavista en fortalecer los espacios de participación construidos, movilizarnos sobre las luchas concretas y atacar la crisis económica. La constituyente debe servir para amplificar la fuerza y la presencia de la organización popular y vincular el rumbo estratégico con el accionar sobre la crisis. Además dar pasos para resolver la crisis interna del chavismo que nos permitiría reagrupar la fuerza. Si reproducimos en la Constituyente la lógica de gestionalizar la política, reforzando el clientelismo y las formas burocráticas de asumir los procesos electorales, y la convertimos en un gran Congreso de la Patria no será útil ni viable.

• Al respecto, a un año y medio de una probable derrota electoral en las presidenciales del 2018, el análisis del quehacer no difiere con o sin constituyente. Implica transferir todo lo transferible a las organizaciones del poder popular, facilitar los circuitos económicos y la producción de estas instancias, potenciar las capacidades agroindustriales de las comunas, y en general fortalecer las distintas instancias de organización popular, articular con autonomía los sectores, clarificar lo avanzado, planificar lo que queremos avanzar y poner líneas de resistencia y movilización ante un posible avance de la derecha sobre lo conquistado.

• La constituyente debe realizarse con la mayor amplitud y legitimidad posibles, confiando en la profundidad organizativa y capacidad teórica del chavismo. Intentar asegurar mayoría de delegados mediante subterfugios puede ser contraproducente.

• Sobre el debate constituyente en sí, debe servir para incluir en la propuesta de la nueva constitución aquellos puntos donde la revolución ha logrado avanzar y superar el marco constituyente del 1999, preservando en su mayoría la Constitución Bolivariana. Poder popular, propiedad social y amplificación de la democracia participativa, son puntos esenciales a incluir. De esta forma mantendríamos a favor de la iniciativa a los millones que aprendieron a querer con el comandante Chávez a la Constitución Bolivariana y al tiempo ampliaríamos su alcance a los objetivos actuales de la revolución. No podemos permitir que la constitución se nos vuelva un pasticho, como sucedió durante la reforma constitucional derrotada, cuando un conjunto de ideas correctas se mezclaron con otras de dudoso origen y criterio revolucionario.

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